A veces creo que existe un contador para todo,
desde los primeros besos de los "alguien" hasta el recuento de pajas del diario en éste mundo,
desde los litros de agua que fueron necesitados para derrumbar el muro de Berlín
hasta las aves muertas cada vez que se prende una turbina de avión.
A veces también creo que ese contador forja el destino de las cosas
el rumbo del universo, cada movimiento calculado aunque pensemos que no.
Para no hacer largo el cuento sólo diré:
No sé cuántas veces he excitado a lo peor de mi destino
no sé cuántas veces he coqueteado con la tragedia
y no sé cuántas veces fui hipócrita con la comedia
sólo sé que se tendrá que terminar
para quitarme esa máscara que todo mundo suele tener,
por el momento sólo quiero regresar a los 16 años
y volver a cometer al triple las mismas estupideces
que alguna vez funcionaron para poder avivar tu atención en mí.
Sunday, June 05, 2011
Thursday, May 12, 2011
Vamos a pasar un buen rato
Hace poco
tenía una vida de escritor
un amigo a quien contarle mis cosas
un trabajo donde laboraba los sábados
una hermana al lado de mi cuarto
y una cerveza siempre a mi disposición
Hace poco
follaba con las letras
creaba lunas
creaba soles
creaba mundos
creaba triunfos
creaba amor
Hace poco
reía
lloraba
cogía
conquistaba
Hace poco
tú reías conmigo,
yo apostaba todo a los Celtics de Bostón
tenía plata en la bolsa
carne en mi cena
e ilusiones en la vida
Pero también hace poco
lo perdí y lo gané todo,
la evolución ganó,
no tengo vida de escritor
ni vida al lado de mi cuarto
pero espero que ese vestido
siga estando
arriba de tus rodillas
y abajo de lo innombrable
en medio de mi vida
y al último de tus preocupaciones
así que ven,
vamos a pasarnos un buen rato,
donde el lugar perdido
lo haya encontrado
¿Sabes dónde?
En la parte de la flor más grande,
aclaro e insisto,
atrás de tu vestido de los sábados.
(Bienvenida nueva vida)
tenía una vida de escritor
un amigo a quien contarle mis cosas
un trabajo donde laboraba los sábados
una hermana al lado de mi cuarto
y una cerveza siempre a mi disposición
Hace poco
follaba con las letras
creaba lunas
creaba soles
creaba mundos
creaba triunfos
creaba amor
Hace poco
reía
lloraba
cogía
conquistaba
Hace poco
tú reías conmigo,
yo apostaba todo a los Celtics de Bostón
tenía plata en la bolsa
carne en mi cena
e ilusiones en la vida
Pero también hace poco
lo perdí y lo gané todo,
la evolución ganó,
no tengo vida de escritor
ni vida al lado de mi cuarto
pero espero que ese vestido
siga estando
arriba de tus rodillas
y abajo de lo innombrable
en medio de mi vida
y al último de tus preocupaciones
así que ven,
vamos a pasarnos un buen rato,
donde el lugar perdido
lo haya encontrado
¿Sabes dónde?
En la parte de la flor más grande,
aclaro e insisto,
atrás de tu vestido de los sábados.
(Bienvenida nueva vida)
Wednesday, May 04, 2011
Como a un jonrón a los Tigres de Detroit
Los Tigres de Detroit, el equipo más perdedor de toda la historia del beisbol. Al parecer los ángeles no pudieron aterrizar en ninguna de sus terceras bases, bateador o lanzador. No hubo quién dejara su vida de inmortal y ningún manager que hiciera el milagro americano en el equipo.
Pero en un tiempo fue el equipo de mi vida.
Yo era dueño de un Ford 1956, una gorra de beisbol y al parecer una vida con esposa, perro y casa.
Sábado soleado, el estadio Briggs abarrotado, un compañero de trabajo al que no consideraba mi amigo a mi lado, un par de habanos en mi mano y una ilusión inmensa de ver esa tarde a los Tigres ganar. Mi compañero en turno era Jhon, él había comprado las entradas, parecía muy perturbado por algo que hasta poco después me enteraría. Jhon era un tipo nada amigable, parecía tener adicción al coñac con mariguana. Compañeros me dijeron que ese día Jhon se encontraba buscándome por toda la empresa hasta que por fin dio conmigo, me dijo que tenía algo importante que decirme, además no me negué cuando vi esas 2 entradas de los Tigres contra los Yanquees en la palma de su mano.
Era raro, mi relación con Jhon no iba más allá de "buenos días, buenas tardes, suerte" pero no me caería nada mal compensar un pésimo día de trabajo con una buena tarde de habanos, beisbol y mi aferrada ilusión de ver los Tigres de Detroit ganar. Así que accedí sin saber la tragedia en que se convertiría mi vida después de esa tarde.
Era la tercera entrada, los Tigres empataban y tenían el turno al bat, olvidé y prefiero omitir los nombres de los jugadores por la poca salud mental que todavía tengo. Tenían la primera y la tercera base con sus corredores listos para arrancar el suspiro de ilusión que todavía tenía de verles ganar el juego, pero el maldito bateador falló en sus tres intentos y se fueron sin conectar durante esa entrada. Así que mientras el juego seguía su curso, Jhon cada vez se ponía de peor humor, al parecer no le agradaba el beisbol o no le agradaba que yo fumara tan cerca de él pero se mantenía sereno y sin decir palabra alguna. En la quinta entrada los Tigres perdían ya por 4 carreras, yo me encontraba desilusionado y con un nudo en la garganta, recordé que podría ser uno de los peores días de mi vida, pero también recordé que mi madre siempre me decía que cada vez que perdían los Tigres de Detroit yo afirmaba que era el peor día de mi vida. Jhon rompió el silencio, afirmaba que tenía algo que decirme y que al final de la novena entrada era el tiempo exacto para que yo escuchara lo que tenía que salir de su boca. Yo, despreocupado por el mundo de afuera, angustiado por el juego, pero templado, acepté a escuchar lo que tenía que decirme, así que le dije que hablara mientras yo encendía el otro habano.
En el momento en que Jhon abrió la boca, sonó un batazo y la gente se encontraba anonadada, la pelota se iba lejos como un rayo que salía del suelo y se dirigía hacia el cielo ¡que Dios nos ampare, saque su guante y atrape esa pelota!, en ese momento Mickey Mantle, por supuesto Yankee, conectaba el jonrón más largo en la historia del beisbol, ese día se estaba abriendo una nueva página en el historial de los fracasos de los Tigres, ese día, el preciso momento que se conectó el jonrón, Jhon me confesó que estaba teniendo una relación con mi esposa, que pretendían escaparse esa noche pero que era mejor que yo lo supiera para no armar ningún lío, que cuando yo llegara a casa ya no estaría ninguna compañera con ese estofado de res que tanto me gustaba oler después de una mala tarde, que se aburrió de mí y pronto me olvidaría, que Jhon con toda su adicción al coñac con mariguana la supo hacerse sentir mujer con su forma de tocarla y de tratarla.
Por dios Jhon – dije- qué estupidez me estás diciendo, en qué momento lo dices, que no ves que le están conectando un jonrón de su puta madre a los Tigres, que no ves que es el peor día de mi vida y tú me dices que te has estado follando a mi esposa sin que yo lo supiera. Vaya mierda de día que me ha tocado vivir.
Me hubiera gustado decírtelo en otras circunstancias pero tu esposa insistió en que te lo dijera al final del juego para que no te sintieras tan vacío, pero ella no conocía lo malo que son los Tigres, ahora caigo en cuenta de que no era buena idea haber venido y de que tú eres un desconocido en su vida- respondía el muy imbécil.
Jhon se largó sin decir cosa alguna, el partido terminaba y yo me sentía entre los 5 hombres más infelices en la tierra: en primer lugar se encontraba el pitcher de los Tigres, en segundo el Manager, en tercero el presidente en turno y en cuarto alguna persona que debe de haber perdido una fortuna al apostar a favor de los Tigres.
Esa noche, me la pasé por algún bar para tratar de no llegar a casa, aunque ya nadie me esperaba, alguna parte de mí insistía en que todo era una broma de mal gusto. Pero mi otra parte, la realista, sabía que mi esposa se había largado, que ya no la vería más y que me había dejado hecho trizas como el rompecabezas más grande del mundo, así que mejor pasé la noche en un bar sin gente bebiendo cerveza y con Little Willie Jhon sonando en la tornamesa.
Al lunes siguiente en la fábrica nadie se daba cuenta del fracaso de hombre que yo era, ya que todos comentaban la pelota que atravesó Detroit la tarde noche de un día anterior, ni siquiera se dieron cuenta de que Jhon no estaba. Hasta que un imbécil, de esos que prefieres que nunca hubieran nacido, me cuestionó sobre dónde se encontraba, ya que un día antes lo había visto salir conmigo luego del trabajo, yo respondí que me confesó su homosexualidad y su amor por mí, pues era su último día en Detroit, cosa que lo hizo soltar una carcajada y darme una palmada en la espalda.
La mayoría de las veces mi madre tenía la razón pero ésta vez estaba confirmado, había sido el peor día de mi vida porque perdieron los Tigres de Detroit, porque perdí mi vida, porque la perdí a ella y porque comencé a odiar el coñac después de que fuera mi bebida favorita.
Pero en un tiempo fue el equipo de mi vida.
Yo era dueño de un Ford 1956, una gorra de beisbol y al parecer una vida con esposa, perro y casa.
Sábado soleado, el estadio Briggs abarrotado, un compañero de trabajo al que no consideraba mi amigo a mi lado, un par de habanos en mi mano y una ilusión inmensa de ver esa tarde a los Tigres ganar. Mi compañero en turno era Jhon, él había comprado las entradas, parecía muy perturbado por algo que hasta poco después me enteraría. Jhon era un tipo nada amigable, parecía tener adicción al coñac con mariguana. Compañeros me dijeron que ese día Jhon se encontraba buscándome por toda la empresa hasta que por fin dio conmigo, me dijo que tenía algo importante que decirme, además no me negué cuando vi esas 2 entradas de los Tigres contra los Yanquees en la palma de su mano.
Era raro, mi relación con Jhon no iba más allá de "buenos días, buenas tardes, suerte" pero no me caería nada mal compensar un pésimo día de trabajo con una buena tarde de habanos, beisbol y mi aferrada ilusión de ver los Tigres de Detroit ganar. Así que accedí sin saber la tragedia en que se convertiría mi vida después de esa tarde.
Era la tercera entrada, los Tigres empataban y tenían el turno al bat, olvidé y prefiero omitir los nombres de los jugadores por la poca salud mental que todavía tengo. Tenían la primera y la tercera base con sus corredores listos para arrancar el suspiro de ilusión que todavía tenía de verles ganar el juego, pero el maldito bateador falló en sus tres intentos y se fueron sin conectar durante esa entrada. Así que mientras el juego seguía su curso, Jhon cada vez se ponía de peor humor, al parecer no le agradaba el beisbol o no le agradaba que yo fumara tan cerca de él pero se mantenía sereno y sin decir palabra alguna. En la quinta entrada los Tigres perdían ya por 4 carreras, yo me encontraba desilusionado y con un nudo en la garganta, recordé que podría ser uno de los peores días de mi vida, pero también recordé que mi madre siempre me decía que cada vez que perdían los Tigres de Detroit yo afirmaba que era el peor día de mi vida. Jhon rompió el silencio, afirmaba que tenía algo que decirme y que al final de la novena entrada era el tiempo exacto para que yo escuchara lo que tenía que salir de su boca. Yo, despreocupado por el mundo de afuera, angustiado por el juego, pero templado, acepté a escuchar lo que tenía que decirme, así que le dije que hablara mientras yo encendía el otro habano.
En el momento en que Jhon abrió la boca, sonó un batazo y la gente se encontraba anonadada, la pelota se iba lejos como un rayo que salía del suelo y se dirigía hacia el cielo ¡que Dios nos ampare, saque su guante y atrape esa pelota!, en ese momento Mickey Mantle, por supuesto Yankee, conectaba el jonrón más largo en la historia del beisbol, ese día se estaba abriendo una nueva página en el historial de los fracasos de los Tigres, ese día, el preciso momento que se conectó el jonrón, Jhon me confesó que estaba teniendo una relación con mi esposa, que pretendían escaparse esa noche pero que era mejor que yo lo supiera para no armar ningún lío, que cuando yo llegara a casa ya no estaría ninguna compañera con ese estofado de res que tanto me gustaba oler después de una mala tarde, que se aburrió de mí y pronto me olvidaría, que Jhon con toda su adicción al coñac con mariguana la supo hacerse sentir mujer con su forma de tocarla y de tratarla.
Por dios Jhon – dije- qué estupidez me estás diciendo, en qué momento lo dices, que no ves que le están conectando un jonrón de su puta madre a los Tigres, que no ves que es el peor día de mi vida y tú me dices que te has estado follando a mi esposa sin que yo lo supiera. Vaya mierda de día que me ha tocado vivir.
Me hubiera gustado decírtelo en otras circunstancias pero tu esposa insistió en que te lo dijera al final del juego para que no te sintieras tan vacío, pero ella no conocía lo malo que son los Tigres, ahora caigo en cuenta de que no era buena idea haber venido y de que tú eres un desconocido en su vida- respondía el muy imbécil.
Jhon se largó sin decir cosa alguna, el partido terminaba y yo me sentía entre los 5 hombres más infelices en la tierra: en primer lugar se encontraba el pitcher de los Tigres, en segundo el Manager, en tercero el presidente en turno y en cuarto alguna persona que debe de haber perdido una fortuna al apostar a favor de los Tigres.
Esa noche, me la pasé por algún bar para tratar de no llegar a casa, aunque ya nadie me esperaba, alguna parte de mí insistía en que todo era una broma de mal gusto. Pero mi otra parte, la realista, sabía que mi esposa se había largado, que ya no la vería más y que me había dejado hecho trizas como el rompecabezas más grande del mundo, así que mejor pasé la noche en un bar sin gente bebiendo cerveza y con Little Willie Jhon sonando en la tornamesa.
Al lunes siguiente en la fábrica nadie se daba cuenta del fracaso de hombre que yo era, ya que todos comentaban la pelota que atravesó Detroit la tarde noche de un día anterior, ni siquiera se dieron cuenta de que Jhon no estaba. Hasta que un imbécil, de esos que prefieres que nunca hubieran nacido, me cuestionó sobre dónde se encontraba, ya que un día antes lo había visto salir conmigo luego del trabajo, yo respondí que me confesó su homosexualidad y su amor por mí, pues era su último día en Detroit, cosa que lo hizo soltar una carcajada y darme una palmada en la espalda.
La mayoría de las veces mi madre tenía la razón pero ésta vez estaba confirmado, había sido el peor día de mi vida porque perdieron los Tigres de Detroit, porque perdí mi vida, porque la perdí a ella y porque comencé a odiar el coñac después de que fuera mi bebida favorita.
Monday, April 04, 2011
Ayer moría de fiebre, pudé combatir en los cielos y hoy no recuerdo nada
Qué se puede esperar,
coquéteandole a Satanás y maldiciendo a Jesús al mismo tiempo
teniendo rabia y guardando sentimientos en algún lugar sin poder sacarlos
qué esperabas,
un premio de primer lugar, el gran millón de dólares, la vida de tus sueños
qué esperabas,
si todo el odio que presumes tener con 2 palabras que te dicen al oído lo olvidas,
ahora tienes que ver el festín que has armado,
la lista de espera está repleta de personas que ni siquiera tenías en cuenta
esto es mejor que el final de tu serie favorita
ahora el único problema que tienes
es que tienes que sacar a bailar a la muerte
para que no te la vayas a encontrar de casualidad en algún bar
y así no te tengas que desgraciar la vida una vez más.
coquéteandole a Satanás y maldiciendo a Jesús al mismo tiempo
teniendo rabia y guardando sentimientos en algún lugar sin poder sacarlos
qué esperabas,
un premio de primer lugar, el gran millón de dólares, la vida de tus sueños
qué esperabas,
si todo el odio que presumes tener con 2 palabras que te dicen al oído lo olvidas,
ahora tienes que ver el festín que has armado,
la lista de espera está repleta de personas que ni siquiera tenías en cuenta
esto es mejor que el final de tu serie favorita
ahora el único problema que tienes
es que tienes que sacar a bailar a la muerte
para que no te la vayas a encontrar de casualidad en algún bar
y así no te tengas que desgraciar la vida una vez más.
Saturday, March 26, 2011
Ohh Satanás que ganas tengo de verte!
Me encuentro en el ombligo del mundo
en la frontera de la ironía, la tristeza, la burla y el enojo,
descifrando qué punto cardinal escoger
y qué arma elegir.
La derrota es algo que no se acompaña con ron,
la tristeza con mezcal,
tus medias negras no van con ese vestido
y el color de tu pelo es un poco ridículo, a mi parecer.
Pero "mi parecer" está muy jodido,
mi suerte está suelta como fantasma en aquél hipodromo
y por ahora las ironías las quiero dejar en la vida real,
donde la felicidad siempre pasa de lado, mi lado, tu lado no.
Así que mañana espero despertar con resaca de ron
para imaginar cuando cruzabas mi calle,
a la hora precisa, en el momento inadecuado
donde yo era un animal olfateando tus piernas,
tu pelo y si querías también tu alma.
Despertar con la paja de las 9 de la mañana me alegraría
bastante, por que yo soy un pajero de corazón
dispuesto a terminar con ese hilo que cuelga de tu vestido,
que espero algún día ver
en un día soleado
con satanás a mi lado,
dándome un helado sabor derrota con un jarabe preparado en el infierno,
pero por ahora prosigo al toqueteo solitario durante varios meses
y si mi suerte me acompaña, años.
Saturday, February 05, 2011
Las fases de los poderes de Krypton
Poema inspirado en Fante, Bandini y Maria. No tengo puta idea del por qué
Se fue el sudor en las manos
las mariposas en el estómago
la cabeza vuelta loca por tu sonrisa
y tu último abrazo para mí fue un asco.
Se fueron mis nervios por ti
mis manos mojadas en sudor
así como el ridículo hombre con sólo verte
además, mis pupilas ya no se dilataron.
Se fue la música del corazón
el intento de rescate de los dientes de oro del león
y
la llegada a Siberia a su último rincón
se fue,
así
como la pelota de aquél hon-ron de los Tigres de Detroit
¿me escuchas, me lees, me ves?
No lo sé.
Has pasado a la tierra de los mortales
con disfraz de carnada de reptil
lista para que te devoren
y así tus trucos ya no servirán.
Bienvenida a la realidad,
ahora ya sabes que no tengo superpoderes,
tan común como tan corriente
tan mediocre como tan común
sin vista de rayos X y sin cuchillo en mano.
Has pasado esa fase, prueba superada
ahora ya estás más allá de todo eso,
para mi mala suerte.
Sunday, January 23, 2011
Un pájaro o un avión
Tengo tanto de ti en mí
que estoy podrido
sin poder eludir batallas contra duendes callejeros,
sin poder responder a los versos de los bestsellers,
y sin poder derrotar al ampa con mi uniforme de Superman.
Es por eso,
que ahora que hay tanto de ti en mí
trato de escuchar una canción de rocanrol
en tu honor, en tu ausencia
es por eso
que cada prostituta que pasa por mi cama
siempre sale llorando al ritmo de los riffs de "Diamon Boys".
Por eso, ahora que tengo puesto un uniforme de Superman
tienes que salir a la calle
a ver una bala, un pájaro o un avión rodeando el espacio aéreo de tu azotea
con machete en mano y guitarra en la espalda.
No será una serenata precisamente,
pero el ritmo que llevará
el arrancarte la piel
será más ruidoso que tu canción
de pop favorita.
que estoy podrido
sin poder eludir batallas contra duendes callejeros,
sin poder responder a los versos de los bestsellers,
y sin poder derrotar al ampa con mi uniforme de Superman.
Es por eso,
que ahora que hay tanto de ti en mí
trato de escuchar una canción de rocanrol
en tu honor, en tu ausencia
es por eso
que cada prostituta que pasa por mi cama
siempre sale llorando al ritmo de los riffs de "Diamon Boys".
Por eso, ahora que tengo puesto un uniforme de Superman
tienes que salir a la calle
a ver una bala, un pájaro o un avión rodeando el espacio aéreo de tu azotea
con machete en mano y guitarra en la espalda.
No será una serenata precisamente,
pero el ritmo que llevará
el arrancarte la piel
será más ruidoso que tu canción
de pop favorita.
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