Una vez más la resaca hace acto de presencia en mí, tengo que quitarme la cabeza pronto o alargar esta agonía, en otras palabras necesito otro trago urgentemente, sé que estoy más quebrado que ayer pero espero que alguien conocido haga la llamada de “viernes por la noche”, donde ese alguien tenga a nadie con quien pasar el rato y acuda a mí, el que siempre está dispuesto a ir por unos tragos, todo por los amigos.
Espero con ansias a que suene el teléfono, saco un Malboro y lo pongo en mi boca sin prenderlo, miro el teléfono desde la comodidad del suelo de mi sala, comienzo con poderes hipnóticos y ¡booom! Suena el maldito teléfono, lo sabía, siempre es bueno atarse a la soledad de los ilusos en viernes por la noche.
(La juerga de ayer estuvo muy bien, Trevor K logró sacar de sus casillas al bartender y éste quiso reventarle una botella de ginebra en la cabeza, la habilidad de Trevor fue superior a la del bartender debido a que al momento de que él, furioso, iba a impactar esa botella en la cabeza de mi acompañante, éste sacó una artimaña ninja y en dos segundos la botella ya estaba en las manos de Trevor, sin ningún daño, ni en él ni en la botella, me la lanzó y logró decirme “a correr”. Corrimos durante 3 calles y ya sin ver peligro alguno sacamos un MALBORO, lo prendimos y comenzamos a reír como locos, Trevor lanzó la botella de Ginebra rumbo a la avenida y ésta logró impactarse en la banqueta. Trevor me miró con cara de desquiciado y me dijo “vamos a otro bar menos pretencioso, la gente me molesta”, accedí y de ahí ya no recuerdo más hasta hoy.
Pero hoy es diferente, suena el teléfono, no sé quién sea, pero me alegro de que suene, suena una vez, suena dos veces, suena tres veces:
Quién del otro lado – contesto
Yo, Edwin, tu amigo de la universidad, tengo años que no sé de ti, vamos por un buen trago como hace años – responde la voz en la bocina
Maldición, el último hombre a quien le podría mendigar un trago es a Edwin: compañero de la carrera, un tipo detestable, tiene mal aliento, es bastante terco y extrovertido con sus gustos, ¡no puede ser! de los miles de compañeros de borrachera que tengo ¿por qué Edwin?, maldición Trevor K por qué tuviste que tomar ese trabajo nocturno de camarero en esa discoteque adinerada, ahora sólo mantengo mis esperanzas en personas detestables para que me inviten un trago.
Ah, Edwin, qué milagro hermano, hoy no tengo muchas cosas que hacer, quería escribir un rato sobre las pajas conceptuales ¿las conoces? pero no creo hacer nada más, claro que acepto tus tragos, supongo que tienes muchas cosas que contarme - la hipocresía se apodera de mí y suelto un discurso para que mi compañero de carrera y yo nos unamos para beber unas cuantas cosas embriagantes.
Bueno, tengo una buena amigo, una muy buena, de esas que imaginábamos en la universidad, una grande, he robado algo muy valioso, al rato te cuento. Nos vemos en el bar ese, que me llevaste un día, a las 9 – finaliza la llamada sin decir nada, su optimismo me confunde un poco en si debería de ir o no a esa cita, pero un trago es un trago.
Al momento de que Edwin cuelga logro dormir unas 9 horas, despierto, miro el reloj y prendo el cigarro; recuerdo los regaños de mi madre cuando sospechaba de mi adicción al tabaco, pero en verdad hago caso omiso de ese dolor de madre, fumo el tabaco, lo aniquilo y me dirijo hacia el baño para lavar mi rostro un poco afectado por tantas horas de sueño. Listo, tomo una corbata, me pongo un sueter y trato de ofrecer mi mejor cara a la noche.
Llego al bar, todavía no llega mi gran falso amigo Edwin, pido un Gin Tonic, qué falta me ha hecho, logro introducirlo a mi garganta y respiro aliviado de que mi vida se satisfaga cada vez que llevo un Gin Tonic a mi cuerpo; si el mundo fuera así hubiéramos evitado muchas muertes y tal vez yo tuviera a “ella” a mi lado – por primera vez en 24 horas pienso en “ella”.
Así pasa el momento de la noche, Gin Tonics y la ausencia de Edwin hasta que llega, se sienta y pide agua mineral, me saluda, se ve un poco apresurado y me pregunta sobre cuánto tiempo llevo esperando.
Vamos Edwin, llegué puntual, un trago es un trago, me da alegría verte, pero nada extraordinario, no me caes muy bien así que suelta lo que tengas que soltar y paga mis tragos – digo un poco molesto.
Edwin sorprendido dice: Cuando dejé la carrera entré a trabajar al Canal 11, toda mi vida profesional he sido asistente de producción ahí, no sé de qué vaya tu vida de “semiescritor”, pero a mí no me va nada mal, conozco gente y la paga está bien.
Vaya, otro ex compañero de carrera más del que tengo que escuchar sus logros profesionales para exagerar su poca grandeza y así imaginar que me pagará mis dos Gin Tonics que he bebido- pienso.
Bueno, al grano, cuéntame qué te traes entre manos para citarme e invitarme unos tragos – insisto en que él pagará los tragos – sólo para presumirme logros que yo, en tiempo atrás, añoré.
Mira, como soy un excelente “asistente de producción” conozco mucha gente, ya sabes actores, analistas políticos, músicos, conductores, de todo, pero el día de ayer conocí a Ana Claudia Talancón, ya sabes la protagonista de la serie esa que se graba en los lugares donde la gente es pulcra y donde saber andar en bicicleta es su principal preocupación en la vida.
Maldita sea, maldita sea, por qué acepté la invitación de este gran imbécil; viene a revolcar su grandeza para decirme que conoce gente que en mi puta vida deseo conocer, espero que lleve esta estupidez a un buen término, maldita sea- pienso mientras sonrío ligeramente y digo “Qué bien, continúa, no te interrumpo”.
Bien, pues como conocí a Ana Claudia Talancón e inmediatamente le inspiré confianza, prosiguió a encargarme a su gata llamada “Lucy”, me dijo que tenía que grabar una escena que duraría 2 horas, por lo que yo aproveché para robar a esa gata. Así es, le robé su gata a Ana Claudia Talancón. – orgulloso de su proeza me confiesa su fechoría.
Maldición, estás pirado, loco, por qué, por qué una gata, le has robado su gata a Ana Claudia Talancón – río- estás loco, desquiciado, ni en mis sueños más atormentados podría imaginar que tú, el empleado perfecto, podrías robar una mascota, sobretodo a alguien que está demasiado apegada a su mascota y si sufre la gata sufre la actriz, si que la armaste.
Claro, pero no es un secuestro, es un encuentro del que nadie se podía interponer, es amor, así es, amor, desde que la vi me di cuenta que teníamos una conexión más allá de nuestras condiciones terrenales, ella me hará un gran sexo oral con su lengua gatuna y yo me dejaré, te la puedo prestar un rato pero con la condición que no la trates como “la gata” sino como “Lucy”, su nombre de pila. – el maldito loco me cuenta.
Maldición Edwin – digo y antes de proseguir veo que entra “ella” acompañado de su “imbécil “; viernes por la noche, mi bar favorito y “ella” tiene que interrumpir con su majestuosa presencia mi borrachera -por qué la tuve que llevar ahí cuando teníamos una relación- tal vez por qué estaba enamorado de “ella”, pero “ella” se fue hace dos años y yo sigo poniéndome mal cada vez que toco algún tema relacionado con nuestro supuesto noviazgo.
Interrumpo mi discurso y cierro el pico por un rato, veo que “ella” se acerca y sólo sonríe al percatarse que yo también estoy en el bar de su elección de ese maldito viernes por la noche, me reconoce pero prefiere dejar todo así, sólo le dice algo al oído a su “imbécil”, éste me ve de una manera muy mal disimulada y siguen esperando mesa. Como no hay lugar, deciden esperar en la barra (donde yo me encontraba con Edwin) "ella" al lado mío se sienta, como si nada– como si toda nuestra relación hubiera sido nada, como si las veces que la hice gritar a la hora de revolcarnos hubiera sido un grito de alguna cortada o de algún susto – pide una bebida de mujer “segura” y él de marica, como debe de ser: no tiene por qué alterar el orden mundial.
Yo, al entrar en razón de que “ella” está a mis espaldas y por alguna extraña circunstancia imagino que podría escuchar la charla que tengo con el imbécil que tengo de acompañante, logro retomar mi conversación con éste (todo en cuestión de menos de un minuto) y prosigo después de un trago al Gin Tonic: Así es mi estimado imbécil compañero de carrera, cuéntame más de tu amiga “Lucy”, ¿crees que podría hacerme esa genialidad que hace con su lengua?- finalizo la última parte con el tono de voz más alto, pienso que "ella" escuchará lo que digo y se dirá:
“Maldición, pensé que éste tipo estaba loco por mí todavía, a pesar de que hace 2 años le destrocé la vida, pero ahora ya tiene quien le haga favores sexuales, de ella seguro es fea, muy fea.”
Logro que se interrumpa su charla con su “imbécil” y percato que su oído derecho – que es el que está más cerca de escuchar mí conversación- se acerca con gran disimulo y continúo: Me imagino que tiene ojos bellos, como todas las de su especie, también creo que tiene la inteligencia que su amiga ANA CLAUDIA TALANCÓN.
Ahora sí, di en el clavo, logré describir las cualidades de la gata en pocas palabras: “Ojos bellos, inteligente y amiga de la actriz de moda”, claro sólo yo y Edwin sabemos que es una gata pero “ella” pensará que se trata de una mujer, alguien real y no un invento mío para poner de pretexto que todavía me cabrea nuestra separación.
Sí, vamos ahora mismo a mi casa, ella está ahí, claro que la podrás conocer y si le gustas, que es lo más seguro, te hará lo que deseas. Eres genial tío, jamás pensé que compartías los mismos gustos por las de su especie – me responde, claro que el imbécil nunca tomó el hilo de la situación y prefirió imaginar que yo tengo simpatía por el sexo con animales, al igual que él.
Veo la cara de molestia de “ella” y el desconcierto de su “imbécil”, una vez más he logrado triunfar en lo que pintaba una mala noche; “ella” piensa que tengo polvos de a montón y que soy un hombre alejado de nuestros recuerdos, dos años no son nada, pero en esos dos años casi muero por culpa de “ella”.
Pues no se diga más, preséntame a “Lucy”, la quiero conocer ¿por qué sabes?, la de ayer no tenía unas curvas tan pronunciadas, espero que “Lucy” sea mejor- digo y finalizo mi Gin Tonic.
Claro, vamos a mi casa, caray tío me tienes tan sorprendido de ese cambio de actitud dentro de lo que estuvimos en el bar- Edwin, el gran imbécil que nunca se da cuenta de las cosas, finaliza.
Está bien y por la cuenta ni te preocupes, yo la saldaré, sé que tú me dijiste que invitabas, pero el que bebió aquí soy yo, tú sólo tomaste agua mineral y eso para mí no es beber- dejo un billete de a 500 con la intención de que “ella” se imagine que también soy una persona solvente económicamente pese a que ese billete es lo único con lo que cuento hasta no sé cuándo.
Edwin se para de su silla y se dirige hacia la salida del bar, yo me paro y respiro profundamente, la veo a “ella”, que sigue esperando mesa, y le dedico una mirada de desprecio, "ella" sonríe y me hace la típica seña de “adiós”, no pasa nada más y salgo del bar.
Ya afuera del bar, logro meter las manos en mi pantalón, Edwin me señala la dirección de su casa, me dirige unas cuantas palabras pero no le entiendo, sólo pienso en la manera de cómo le diré a éste terco imbécil que la zoofilia nunca ha estado en mis planes.
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